Vamos, en algunos casos, camino de dos meses de estar confinados en nuestras casas por el estado de alarma como consecuencia de la pandemia del Covid-19, pero empezamos a ver luz al final del túnel, ya llegamos al ansiado pico (¡como si de subir una montaña se tratase!) y ahora… ¡A desescalar!

No es nuestra intención entrar a debatir los fines sociales, de comunidad, terapéuticos del proceso de desescalada, porque con independencia de cuál sea nuestro lugar de residencia, más temprano que tarde tod@s acabaremos en la misma disposición para comenzar a escalar nuevos picos, nuevos retos en una normalidad… ¡algo diferente!

Cuando nos enfrentemos a nuevos picos, es posible que encontremos por el camino pasos que sean más fáciles de lo habitual, otros más difíciles, y, tal vez, por momentos … ¡algunos imposibles!, pero de lo que si podemos estar seguro es que nuevamente tendremos que hacer uso de nuestra propia fuerza física y mental para dar solución a nuevas dificultades.

Durante el confinamiento, la inmensa mayoría de nosotros, hemos vivido experiencias y situaciones que ni se nos habían pasado por la cabeza que experimentaríamos, hemos tenido que lidiar en el día a día con particulares rompecabezas mentales, tanto en lo personal, familiar como en lo profesional.

No acostumbramos a vivir en nuestra zona de “confort”, y nos olvidamos de que el riesgo está siempre presente en nuestras vidas, generando situaciones de incertidumbre y ansiedad, y que serán (¡o deberían ser!), al mismo tiempo, una fuente de enseñanzas. Y, es aquí donde nos queremos centrar, porque las lecciones aprendidas, serán la mejor recompensa que nos llevemos.

Nos gustaría recordar alguno de los numerosos titulares que aparecían en los medios de comunicación durante estos días de atrás… ¡Las ventas de juegos de mesa aumentan durante el confinamiento!, ¡Los juegos de mesa han disparado sus ventas por el confinamiento! y no solo en España, está ocurriendo en muchos otros países.

Si entrar en el hecho que todo aquello que durante este periodo haya movido la economía; ¡Bienvenido sea!, pero… ¿Cuál es la razón de ser de estos titulares?

La pandemia nos ha recordado que somos seres tremendamente sociables, que necesitamos elementos de ocio en nuestras relaciones con la familia, amigos y en la empresa. El juego, a lo largo de la historia, siempre ha sido un elemento esencial para que niños y niños ¡grandes!, afronten mejor, situaciones difíciles, como la que estamos viviendo con el coronavirus.

Jugar es una necesidad intrínseca del ser humano y muchas veces no nos paramos a pensar lo importantes beneficios que nos aporta. Hagamos un breve repaso:

¡Aceptamos normas y reglas!

Cuántos padres no habrán utilizado su imaginación y creatividad ideando juegos para que los más pequeños de la casa puedan comprender de la mejor forma posible las nuevas reglas de juego y cumplirlas (¡cuántas historias de gamificación se habrán vivido en las casas!)
Creo que henos sido verdaderamente conscientes que, para mantener el orden en una sociedad, tenemos que aceptar ciertas normas básicas de conducta y que cada persona debe cumplir; todos estamos sujetos a las mismas reglas de juego, respetarlas confiere igualdad y honradez.

¡Aprendemos que unas veces se gana y otras se aprende!

Seguro que hemos tenido momentos de frustración durante el confinamiento, el ocio y jugar a buen seguro que nos han ayudado y enseñado a tolerar mejor esos momentos. No siempre tenemos las cosas en el momento que las deseamos, cuantas veces hemos pensado y deseado; ¡quiero saliiir de casaaa!

No siempre se gana, y hay que aceptarlo con deportividad. Cualquier derrota ha de servirnos de aprendizaje para la próxima vez, no solo ahora durante la pandemia, sino a lo largo de la vida… es fundamental saber perder. Jugar nos ayuda a saber gestionar mejor nuestro estado de ánimo frente a las frustraciones.

Durante el confinamiento, seguro que la gran mayoría hemos aprendido y aceptado con humildad, que las cosas no siempre están bajo nuestro control.

Desarrollamos y potenciamos habilidades sociales y de comunicación.

¿Quién no ha confraternizado más con sus vecinos, amigos o familia durante este tiempo?; nos gusta estar en compañía de nuestros seres queridos y amigos.

Cuando jugamos interaccionamos con el resto de los jugadores; se establece una comunicación con el fin de estrechar lazos, fomentar el trabajo en equipo (había un vecino que se encargaba de poner la música, otro que pensaba en actividades para los niños, otro que…). También hace acto de aparición la competitividad (¡Tenemos que hacerlo mejor que la comunidad de al lado ¡Eh chic@s!) es algo inherente al juego, y a la vez sano, pues nos obliga a tomar o delegar decisiones en conjunto.

Las cosas han ido saliendo bien cuando hemos encontrado armonía y confianza en nuestros compañeros de equipo (¡Vecinos que se ofrecen a hacer la compra a personas mayores!) porque durante el juego trabajamos todos para un objetivo común; ¡Ganar la partida!

¡Perseverancia, paciencia y concentración entran en juego!

Cuando iniciamos un juego, tenemos el afán por ganar, para ello ponemos a máxima potencia todas nuestras capacidades cognitivas, ya sean de análisis y evaluación, estrategia, recursos, memoria, concentración, imaginación, capacidad visual, etc. (¡Cuantos artilugios caseros hemos visto a través de las redes sociales para minimizar el contagio y ganar la partida a este virus!). Durante el juego surgen momentos difíciles y vicisitudes, pero ahí deben estar dos virtudes; paciencia y perseverancia, esenciales para la consecución de nuestros objetivos.

¡Planificación, toma de decisiones y mejora de la autoestima están a la orden del día!

Siempre que jugamos nos enfrentamos a desafíos y retos a los que, con creatividad e imaginación, hay que dar respuesta. La toma de decisiones nos aporta autoconfianza y cierto grado de valor; ¡Hay que elegir!

Cierto es, que las circunstancia de cada uno de nosotros son muy diferentes a la hora de lidiar batalla a este virus, pero seguro que todos hemos tenido algo en común; haber vivido momentos tensos de estrés o ansiedad, y, cuando hemos pasado a realizar alguna actividad de ocio o juego, se nos han pasado todos esos males. Porque jugar tiene un característico y potente efecto terapéutico … ¡nos reímos!, algo que es tremendamente saludable y nos produce bienestar.

Es posible que estemos arrinconando al Covid-19 (¡¡esa es nuestra misión!!), y tan pronto como finalice esta desescalada, cada uno de nosotros, cargados de vivencias y sabiduría, iniciaremos una nueva escalada; nuevos objetivos. Iniciaremos una nueva vía por la que coronar esa nueva cumbre que nos espera.

Desde athax te animamos a que sigas cuidándote, y de este modo, estar en las mejores condiciones para afrontar un futuro muy diferentes al que te habías planteado hace tan solo dos meses. Y, sobre todo, a lo largo de tu nueva travesía, no dejes de jugar; ¡juega, juega y juega!, y nunca te avergüences de sacar ese niño que todos llevamos dentro, y que tan bien nos ha funcionado en los momentos difíciles del confinamiento por el coronavirus dichoso.

¡¡Adelante!!, y recuerda que, si lo haces divertido hay valor.

Equipo athax

“En la escalada el cerebro es el músculo más importante” (Wolfgang Gullich)

 

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